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lunes, 21 de noviembre de 2011

Microrrelato: INCONTINENCIA VISUAL


En los años de la postguerra nuclear se organizó una exposición para recaudar fondos a favor de la repoblación del universo. La cola más abultada estaba en torno a una escultura de la que colgaba un cartel con el texto “peligro, no mirar” Nada podía ser más efectivo que decir a alguien que no realizara una acción para que, de inmediato, hiciera lo contrario y no pudiera apartar la vista de aquella mole prohibida. Tras transgredir la citada norma, los asistentes iban quedándose sin audición y sin vista, envueltos en un convulso dominó de personas sordas e invidentes, cayendo unos sobre los otros, sin lograr orientarse o reconocerse. Aquellos que aún mantenían intacta la salud, se preguntaban qué estaba sucediendo; presos de la curiosidad acudían raudos a admirar la talla que estaba causando tamaña catástrofe, así, los sanos, iban uniéndose a los contagiados formando una pirámide escalonada de transfusión del efecto. La solución se hallaba dentro de una urna trasparente en el propio museo; contenía un papel en el que se daba, paso por paso, la receta para el antídoto. Nadie llegó nunca a verlo.

26 comentarios:

Anónimo dijo...

Es uno de los mejores microrrelato que he leído y tengo una gran afición a leer microrrelatos, relatos cortos y cuentos. Hasta yo me he visto subiendo a la torre de cuerpos para ver qué veían y el contenido de la urna ya es el final de catarsis. Muy bueno.
Mi nombre es Arturo Fraga Salazar y mi mail es
arturo.fragasalazar@facebook.com
Gracias por deleitarnos con tus microrrelatos, Maite.

No Comments dijo...

Así es el género humano, muchas veces se comporta como un rebaño de ovejas.

Un saludo indio

Luisa Hurtado González dijo...

Muy bueno. Está muy bien contado como el ser humano puede llegar a ser una verdadera pena. ¿Por qué actuaremos así? A veces no somos tan tontos, o eso quiero creer.
Un beso, Luisa

Mar Horno dijo...

Así somos. Lo que no entiendo cómo llevamos tanto tiempo en la cúspide dela pirámide. Excelentemente contado. Un beso Maite.

Rocío Romero dijo...

Pero Maite ¿y qué veían? :-)
Me ha gustado mucho el tono narrativo, casual como de quien cuenta algo que ha leído y que muestra también cierto desapego, hasta que al final, al decir "nadie llegó a verlo" nos deja cierta inquietud... y qué pasó, y a quién se lo cuenta... Estupendo, síp.
Besos

Patricia Nasello dijo...

Inquietante micro que expone tanto nuestros problemas sociales (y sus gravísimas consecuencias posibles)como personales.
Así soy, así somos.
Así terminaremos?

Un placer leerte, Maite

Ana Crespo Tudela dijo...

A veces, la curiosidad mata. ¿Quién no hubiera mirado? Seguro que yo sí.
El relato y la foto me han recordado a las montañas que se hacen cuando la arena se escurre entre los dedos y la figura se va volviendo más terrorífica y espectral; como tu relato, que nos lleva a un final de novela de terror.
Besos

Cybrghost dijo...

Todos somos unos jodidos cotillas. A cualquier precio.

TORO SALVAJE dijo...

Pues si.
Seguro que pasaría así.

Muy bueno.

Besos.

Maite dijo...

Arturo Fraga Salazar: te agradezco enormemente tu comentario, un ávido lector de micros es un público exigente, así que me alegra que hayas disfrutado con éste. Abrazos y bienvenido.


No comments: o como autómatas preprogramados, si.


Luisa Hurtado: siempre me ha llamado poderosamente la atención la psicología humana y la capacidad de manipulación por parte de unos y lo fácilmente manipulables que se muestran otros.


Mar Horno: yo tampoco lo entiendo, aunque cada vez tengo menos claro que estemos en la cúspide. Besos.


Rocío Romero: jajaja, me ha gustado tu pregunta, pero no te la voy a responder porque te aprecio y no quiero que te quedes sorda y ciega ;)


Patricia Nasello: la verdad es que no sé cómo terminaremos, el único consuelo es pensar que yo ya no estaré ahí para verlo :)


Ana Crespo Tudela: yo soy muy miedica, pero dudo que no hubiera asomado el morro para mirar, aunque fuera solo un poquitín. Ays, ya lo dice el refrán, la curiosidad mató al gato.


Cybrghost: yo también me confieso de ello :(


Toro Salvaje: si es que somos la repanocha.

Anita Dinamita dijo...

De siempre nos han interesado más las prohibiciones que las soluciones. Lo que quizá me desorienta del micro es de qué manera iban a recaudar los fondos. Esto demuestra, simplemente, que no era necesario repoblar el universo.
Un abrazo

Adivín Serafín dijo...

Los antídotos normalmente llegan tarde, muy tarde.

Blogsaludos

Lola Sanabria dijo...

Un escalofrío me ha recorrido todo el espinazo. Buen micro, Maite. De los que llegan a la médula.

Pareado de abrazos.

Ximens dijo...

Es triste tu relato, por lo realista. Me ha recordado a los espectadores de telecinco. Muy bien narrado.

Elysa dijo...

Jajaja, estaba pensando en lo que ha dicho Ximens de telecinco, hemos coincidido. Realmente has reflejado muy bien esa actitud "cotilla" que nos puede.


Besitos

Torcuato dijo...

Muy bueno, Maite. El despiste se utiliza con maestría para que muy pocos lleguen a la verdad.
Vengo del blog de Luisa Hurtado y me he encontrado con un micro con temática parecida, según mi modo de ver las cosas, claro. La verdad es sencilla aunque nos la ocultan.

Besos

Maite dijo...

Anita Dinamita: es cierto que siempre lo prohibido se hace más atractivo. Sobre el modo de recaudación, supongo que sería con el pago de la entrada, aunque como ves, a alguien no le interesaba demasiado la susodicha repoblación. Besos.


Adivín Serafín: hay veces que sí, hay que tener fe.


Lola Sanabria: esa era parte de la intención, me alegra haberlo logrado. Besos!


Ximens: no te falta razón, Ximens, se aproxima bastante. Abrazos.


Elysa: a mí también me ha hecho gracia esa interpretación de Ximens.


Torcuato: voy para el blog de Luisa, a ver esos "parecidos razonables" ;)

manuespada dijo...

Así es la naturaleza humana, basta que nos prohiban algo para que lo hagamos, como dice el refrán, "la curiosidad mató al gato". Estupenda radiografía que haces sobre el alma humana a través de un relato futurista. Besos.

Miguel Baquero dijo...

Es cierto, no hay más que prohibir una cosa para incentivar la curiosidad. Todos tenemos dentro el gen de "eso ira para los demás, que no se enteran, conmigo es distinto"

Odys 2.0 dijo...

El antídoto estaba ahí, a la vista de todos, pero "nadie llegó nunca a verlo" porque nadie les había prohibido -o advertido sobre el peligro de mirar. Solo una mente maquiavélica podría haber ideado una forma tan elegante de aligerar el peso de la humanidad.

O dos, si tenemos en cuena a la autora del relato :-D

Elena Casero dijo...

me ha recordado a aquello de la estatua de sal. Es un micro inquietante. Espero que nadie coja la idea

Un abrazo Maite

AGUS dijo...

Es una gran paradoja que retrata muy bien el doble filo de la condición humana. Y además envuelto en un halo de cuento con tono apocalíptico.

Abrazos.

Maite dijo...

manuespada: ya sabes que me encantan las reacciones humanas, tipo experimento Milgram que ya comentamos. Besos.


Miguel Baquero: si, si, somos de esos de..."bah, a mí no" Seguro que tú tienes más de una anécdota por tu blog ;)


Odys 2.0: pero buenoooo, me estás llamando perversa?? no soy yo, es mi maldita imaginación :) Curiosa interpretación la tuya, no la había contemplado y me gusta. Besos.


Elena Casero: esperemos que no, aunque tal vez más de uno ya la esté utilizando, pero es tan frecuente que ya forma parte de la normalidad. Tantas veces estamos ciegos y mudos...


Agus: ay, Agus, que me gustan tus análisis!! ;) Certero, como siempre. Besos

vittt dijo...

la curiosidad mató al gato, y nos creemos a salvo porque no somos gatos.

David Vivancos Allepuz dijo...

Así que soy medio responsable de que te hayas convertido en medio protagonista de tu Incontinencia visual, jajaja. ¿He ganado o perdido puntos? ;-)

Ideal la ilustración del relato. Me encanta el parque Vigeland.

Un abrazo,

D.

Maite dijo...

vittt: aunque tengamos bigotes :p


David Vivancos Allepuz: sin duda alguna has sido el responsable de hacer cierto el fondo de este relato. Vi, leí y flipé ;) Mis lectores siempre ganan puntos.
A mí me entusiasmó el parque Vigeland, nadie como él para representar las emociones y la evolución de los hombres.