Visitantes

jueves, 29 de julio de 2010

HERENCIA EVOLUTIVA (Relato seleccionado en el mes de julio Concurso Microrrelatos Abogados)

Pasaba las horas espiándole por el ojo de la cerradura. Me encantaba oírle ensayar en voz alta sus alegatos, verle hacer anotaciones en su libreta, y observarle mientras construía pacientemente la maqueta del barco que llevaba años intentando terminar. Si salía a algún juicio en la sala de lo penal, yo ocupaba su silla fingiendo ser él. Un abogado de prestigio al que adoraba y al que quería parecerme cuando fuera mayor. Sabía que si me pillaba allí sentado ojeando los informes periciales y los del forense con mis manos manchadas de chocolate, me castigaría. Como cuando rompí el reloj de arena del abuelo, y muy serio aportó las pruebas del hecho delictivo solicitando una condena de dos semanas y un día sin ver mi serie favorita. Con estos recuerdos, miré su fotografía, me puse la toga, pegué el mástil de popa, y salí al estrado.

MICRO-FILOSOFICO-RELATO GANADOR


LA SABIDURÍA DEL CHAMÁN HA SIDO ELEGIDO RELATO GANADOR EN EL BLOG DE ANÓNIMA MENTE


GRACIAS A TODOS LOS QUE HABÉIS PARTICIPADO Y A LOS QUE HABÉIS VOTADO


Diario de Anónima Mente - micro filosófico

viernes, 23 de julio de 2010

HISTORIAS MAYÚSCULAS EN PORCIONES MINUSCULAS, MICROINVITADO DE DIARIO DE INCONTINENCIA

He tenido el honor de, conjuntamente con Claudia Sánchez, ser la microinvitada de la semana en Diario de Incontinencia.

Os dejo el enlace para que os paséis por allí si os apetece leerlo y aprovechéis para conocer el blog de Adivín, podréis ver micros y sensaciones realmente buenas. Merece la pena.


Microinvitada en Diario de Incontinencia

miércoles, 21 de julio de 2010

NICK: SIAMES_59

Absorta miraba las manijas del reloj. Esperaba con ansiedad que las manecillas se alineasen al norte y el carillón marcara las doce. A falta de un segundo para la medianoche, su corazón se aceleraba como el de una adolescente. Puntual, como siempre, aparecía el mensaje, SIAMÉS_59 está ahora conectado. No sabía quién estaba detrás de ese nick, pero debía confesar que la tenía totalmente engatusada. Él arañaba en el teclado dulces palabras y ronroneos. Se describía como un galán de buen porte, con bigote afilado y ojos verdes como esmeraldas. Mientras tanto, el crepúsculo se iba haciendo dueño del tiempo y las mariposas que ella sentía en el estómago, despertaban su apetito. Llegados a este punto, una noche, la mujer escribió -me ha entrado un hambre canina- Desde entonces, no lo ha vuelto a ver. Ahora llora, acompañando a su vecina, quien se lamenta también de la desaparición de su precioso gato Siamés.

martes, 20 de julio de 2010

CONDENA A UN INOCENTE

Aquella cadena lo tenía atado de pies y manos. Sabía que por más empeño que pusiera, jamás lograría liberarse de ella. Desde la cama, observaba el mundo y la libertad que se le escapaban por una estrecha rendija de la ventana. Se encontraba tan débil que apenas podía mover un músculo. En el preciso instante en que fue concebido, ya estaba predestinado. Con los ojos bañados de lágrimas, intentaba zafarse de esta pena impuesta a perpetuidad, pero los malditos eslabones de su cadena de ADN lo mantendrían así, postrado allí, por toda una vida.

domingo, 18 de julio de 2010

REDONDA VENGANZA


El balón, harto de ser tratado siempre a patadas, tomó aire y, cogiendo carrerilla, comenzó una cruzada contra los futbolistas persiguiéndolos por todo el terreno de juego. Cuando hubo terminado con ellos, se fue de allí rodando.

miércoles, 14 de julio de 2010

EL CASO 1474

Nueve muertes violentas habían tenido lugar en la ciudad. En los últimos meses, un asesino en serie tenía en jaque a la policía de Nueva York. El ensañamiento con sus víctimas era brutal. Los cuerpos, todos ellos mujeres, aparecían descuartizados en los asientos de sus automóviles, con la matrícula, a modo de collar, colgando del cuello.
No parecía existir un móvil aparente. Orson pasaba veinticuatro horas frente a sus notas tratando de dar con la clave de aquel rompecabezas. Sólo contaba con unas placas de coche y nueve mujeres asesinadas. El policía volvió a repasar cuidadosamente todas las pistas. Sabía que las víctimas eran alemanas o descendientes de nacidos en el país germano. También que todas las matrículas estaban conformadas por los mismos números, 1474, pero dispuestos en distinto orden en cada una de ellas. Y que los botones de las ropas que vestían los cadáveres habían sido arrancados. Daba vueltas a esos datos en su cabeza una y otra vez.
Tras pasar otra noche en vela, Orson, excitado, hizo unas cuantas llamadas desde el teléfono de su despacho y movilizó a sus hombres de confianza, quienes siguieron sus instrucciones al pie de la letra, sin hacer pregunta alguna. Cuarenta y ocho horas después, Solomon Weis, era detenido.
Cuando todo se tranquilizó, los compañeros de Orson quedaron expectantes a la espera de una explicación. La pista definitiva se la había dado la kipá encontrada en uno de los coches. Ese atuendo religioso judío sólo podía pertenecer al asesino, y en él quedaban restos del ADN de la persona que andaban buscando.
Tirando del hilo, fue atando cabos. El origen alemán de los objetivos, la combinación de los números de las matrículas, el arrancar de las ropas el símbolo de en lo que se convertían los cuerpos exterminados por los nazis, y al fin la palabra que se podía formar combinando las letras que aparecían en las matrículas de los automóviles, AUSCHWITZ-BIRKENAU.
Ya sólo quedaba encontrar a alguien cuya madre o abuela hubiera estado en ese campo de concentración para mujeres, con un número de presa que contuviera las cifras 1474. La habilidad de sus compañeros y el programa informático que cruzó aquellos datos con los obtenidos en los archivos del campo de exterminio, hicieron el resto.
Orson había logrado descubrir la venganza pertrechada por el nieto de Esther Wetzler, una de las pocas judías que pudo sobrevivir al genocidio, pero no pudo librarse de morir a manos de su amante, para que no descubrieran su relación. Esther había accedido a satisfacer los favores de Arthur Baer, comandante de las SS en Birkenau, del que tuvo una hija antes de morir, la madre de Solomon.

sábado, 10 de julio de 2010

viernes, 9 de julio de 2010

XIAN-LI


Cuando Xian-Li montó en aquel avión, no imaginaba cuánto estaba cambiando su vida. Más de tres largos años había costado materializar la adopción de la pequeña. Tras aterrizar y colocar el equipaje de Xian en su preciosa habitación rosa, casi no se lo podían creer, era suya, al fin, su hija. La primera noche recibió muchas sensaciones extrañas. Cuidados, abrazos, y besos, que aún no identificaba. Cuando su orgulloso padre fue de madrugada a ver si la niña dormía, se llevó una desagradable sorpresa al no encontrarla en su cuarto. La preocupación pellizcó su estómago. Comenzó a buscarla por toda la casa. Al fin, la encontró en la cocina, tumbada sobre las baldosas, sintiendo el reconocible frío y el duro suelo que le acercaban al orfanato en el que tantas noches había pasado. Quién sabe si por sentirse más segura o por no creerse merecedora de algo más cómodo que aquello. Pablo la agarró con sus fuertes brazos y la devolvió con cariño a la cama. Al día siguiente, abrieron todas las ventanas de la vivienda, dejando que el aire fresco trajera, un vendaval de ilusiones.

lunes, 5 de julio de 2010

EL PODER DE LOS SUEÑOS

Me desperté agotado. Era uno de esos días en que el sueño no había sido precisamente reparador. Las pesadillas se habían adueñado de la noche, abarcándolo todo. Llegué hasta el salón, allí, el tapizado del sofá hizo un flashback del sueño. Lo mismo ocurrió con el marco del espejo, las fotografías y los cuadros. Me dispuse a mover los muebles, para reproducir fielmente la escena. La curiosidad me podía y necesitaba saber si el decorado de mi fantasía nocturna era exactamente el del salón de mi casa, pero con un orden distinto. Con el sudor bañando mi frente acabé de mover la vitrina. Ahora sí, este era el lugar exacto donde se había desarrollado la pesadilla. A la mañana siguiente, el médico sólo pudo certificar mi muerte.

domingo, 4 de julio de 2010

EL ALFARERO CON DIEZ OJOS

Siempre que el pequeño Tomás estaba cabizbajo, el viejo alfarero entrelazaba sus manos con las del niño dejándole sentir la vida que bullía en cada trozo de arcilla. Las figuras estaban allí dentro, decía, tan sólo había que ayudarlas a salir. El contacto húmedo con el barro le hacía olvidar los problemas de inmediato. El chico, hipnotizado por el movimiento del torno, observaba el cuerpo que se iba creando, como un feto informe transformándose en arte.

Una tarde Tomás confesó el motivo de su tristeza. En el colegio se burlaban de él y se reían de sus gruesos lentes llamándole cuatro ojos. El viejo, sonriendo, le respondió: -yo soy ciego, pero veo a través del tacto, así que puedes llamarme diez ojos si quieres-. El muchacho, avergonzado, asió las manos del alfarero y entrelazándolas con las suyas, se fundió con él en el barro.

viernes, 2 de julio de 2010

MALAS RELACIONES

Mis allegados me advirtieron mil veces diciéndome que ese hombre no me convenía. Hacíamos el amor de manera compulsiva, con pasión y desenfreno, hecho que siempre celebrábamos, con el típico cigarrito de después. Al final descubrí que, ciertamente, ese hombre no era bueno para mí. Y es que tanta nicotina, acabó con mis pulmones.

jueves, 1 de julio de 2010

EL RELATO VIAJERO por Anónima Mente


El retraso del ferry me dejó a las 3 de la madrugada sin alojamiento posible. Dispuesta a pasar la noche en el coche, aparqué en un lugar apartado. Soñé, una y otra vez, que varias personas daban golpes en la ventanilla. Golpes que lograban despertarme, sin lograr ver a nadie tras una niebla inexplicable.

Al amanecer, vi que mi coche estaba aparcado a las puertas de un cementerio.

Este microrrelato fue escrito por Anónima Mente desde La Toscana y viajó en forma de postal, hasta mi buzón, para ser aquí publicado.



DULCE MASCOTA

Mi perro siempre había sido mi mejor amigo. Lo bañaba, lo cuidaba, lo sacaba a pasear, le tiraba la pelota para que fuera corriendo a por ella, lo peinaba, recogía sus caquitas, y hasta los días de lluvia tenía cuidado de ponerle su impermeable para canes.
Un día, en nuestro habitual paseo por el parque, le noté una mirada extraña, un brillo especial en los ojos. Comenzó a gruñirme y a enseñarme sus afilados colmillos. Debo reconocer que me amedrenté y agaché la cabeza. Sin darme cuenta, Tobby me puso su collar en mi cuello, me dio una galleta para perros, me tiró una piedra al estanque y me obligó a orinar en un árbol. Ahora le observo atento, tumbado en la alfombra de la entrada, con las orejas alerta, por si él me silbara.