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lunes, 6 de septiembre de 2010

UNA MIRADA INDISCRETA

Agazapado tras la cortina, observaba todos sus movimientos. Anotaba en un diario cada nuevo dato descubierto sobre aquella diosa inalcanzable, que vivía justo al otro lado de la calle. Soñaba con su cuerpo esbelto y sinuoso, mientras se azoraba por ella, por vivir en esa cándida ignorancia. El domingo, como otro día cualquiera, Tomás se despertó dispuesto a seguirla en el devenir de su rutina. Esperó largo rato, mirando a través de la ventana. Las horas pasaban sin que diera señales de vida. Transcurrieron los días esperando impacientemente su vuelta. Una tarde, igual que otras muchas compartidas en la distancia, ella apareció de la nada. Se quedó allí, de pie, hermosa como era, mirándolo, con un ramo de flores en la mano y lágrimas de dolor en los ojos. La vio agacharse con ese cuerpo que tantos deseos le había despertado, depositando el ramo junto a una placa con la inscripción: Tomás Ortiz Muñoz 1980-2010, al tiempo que sus sensuales labios decían “Tomás, yo también te miraba”

12 comentarios:

Anonima Mente dijo...

En unas pocas líneas nos llevas desde un balcón indiscreto a una lápida, y , como buen micro, dejas una pregunta flotando.
Un saludo Maite.

Patricia dijo...

Triste, bellísimo, final sorprendente. Un gusto haber pasado por tu casa Maite.

Abrazos!

Jesus Esnaola dijo...

Olvidó exigir que la tumba tuviera buenas vista.
Estupendo Maite, le has dado la vuelta por completo al final.

Un abrazo.

Maite dijo...

Anónima: este micro puede tener mil interpretaciones, yo he hecho la mia, pero lo dejo ahí, para que cada uno eche a volar su imaginación.

Maite dijo...

Patricia: lo que es un gusto es que te pases por mi casa, sin vuestras visitas, el "hogar" se derrumbaría. Un abrazo.

Maite dijo...

Jesus: yo creo que acabará arrepintiéndose de no haber abierto la ventana y haberse mostrado. Ahora que, sobre las vistas, a muchos hombres les gustaría tener a sus pies una mujer arrodillada ¿no? claro que a los pies de su tumba es otra cosa :-s

Alberto Flecha dijo...

Un giro sorprendente al final. ¡Y qué suerte poder sintiendo deseo ahí metido! Aunque, ahora que lo pienso, también podría ser un enterrador haciendo un agujero.

Un abrazo, Maite.

Maite dijo...

Alberto: también podría ser, por qué no? aunque la placa de la lápida coincida sospechosamente con el nombre del vecino indiscreto ;-) Un abrazo -->

Claudia Sánchez dijo...

¡Qué bello Maite! Me anuda la garganta mira...
Si le buscamos el pero, tal vez le daría una vueltita más al final, para que no parezca que habla de un tercero, pero nada, es de quisquillosa nomás.
Saludos!

Maite dijo...

Claudia: gracias por la observación, creo que tienes razón<. Una empieza a retocar y retocar, y al final lo lima tanto que omite algún pequeño dato que podría ser relevante para el lector. Lo he cambiado una pizca, creo que ahora se aprecia mejor todo el significado del conjunto. Tú me dirás. Un fuerte abrazo

Pablo dijo...

Está muy bien escrito. Ese giro que da la historia justo al final y que descoloca la idea que tenía el lector... Y esa pena de que no se hubieran mirado los dos a la cara cuando pudieron hacerlo. Ay, qué vida perra!

Maite dijo...

Pablo: habrá que ser un poco más valientes, e ir a por aquello que deseamos, no vaya a ser que algo nos fastidie antes de hora y hayamos estado perdiendo el tiempo :-s ¡perra vida! Gracias por comentar. Un fuerte abrazo.