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viernes, 25 de junio de 2010

JARDICIENTO

Jardiciento vivía en bookland, en una casa cercana al castillo del Rey y su encantadora hija, la Princesa Azul. Cada mañana, el muchacho, acudía a Palacio para arreglar los parterres y los rosales. Los jóvenes cruzaban cómplices miradas y, simulando alguna sugerencia decorativa, la Princesa se acercaba hasta el jardinero, rozando levemente su mano. Pero en cuanto la aya presentía el más mínimo gesto de confianza con el vasallo, encerraba a la dama en la almena más elevada durante semanas, no sin antes sermonearla. Un buen día, en toda la comarca se anunció el enlace entre la Princesa Azul y el Príncipe Verde. Jardiciento, decidido a evitar que su amada se desposara con otro, utilizó todas las tretas que conocía. Se comió una manzana envenenada, montó a lomos de una calabaza, pinchó con una aguja su dedo y hasta se compró un disfraz de sapo. Así, de esta guisa, esperó que el sueño llegara, que la princesa lo besara y que el cuento, como en los libros, tuviera un final feliz.

7 comentarios:

Torcuato dijo...

Ja, ja. Muy gracioso. Me ha gustado mucho. Este Jardiciento se conocía bien todos los cuentos clásicos.
Un beso.

Alberto Flecha dijo...

Y viviendo en Bookland funcionaría, ¿no?
Me gustó, Maite.
Saludos

pablogonz dijo...

Una prosa muy sobria o económica, apropiada para el tema que se aborda. Me gustó mucho.
Un abrazo,
PABLO GONZ

Maite dijo...

Torcuato: Jardiciento buscó toda la bibliografía sobre temas de princesas, y esta vez decidió ser él el rescatado.

Alberto: Lo has pillado al vuelo. Allí tenía toda la información que necesitaba. Jugaba con ventaja.

Pablo: Me halaga el comentario, creo que esa definición le va muy bien a cualquier texto de microrrelato.

Abrazos para los tres.

Torcuato dijo...

Si. La verdad es que el micro tiene un toque feminista.
Un beso

Baizabal dijo...

Siempre son un buen recurso los cuentos de hadas, resultant an cómicos cuando se alteran, como lo demuestras,

saludos

Maite dijo...

Torcuato: no pretendía ser feminista, sólo que creo que también ellos/vosotros tenéis que tener las mismas oportunidades de rescate ¿no? ;-)

Baizabal: Así es, son un recurso magnífico, con tan sólo darles una pincelada, cambia todo el cuadro. Un abrazo.